· Rol
Dioses de Ramue
Sobre la creación, sus grandes dioses y principales creencias del imperio.
Esta semana comenzamos una campaña de exploración en un mundo enorme (y no es exageración), repleto de culturas, ciudades y reinos aún por determinar.
Lo que sí está escrito en mithril es la formación del mismo y la historia de sus grandes dioses. Ahora bien, qué existía antes de ellos es un misterio que aún no se ha desvelado.
Los cuatro grandes creadores
Antes de la nada física, nadie sabe realmente qué existía, cómo eran los planos o si, de hecho, nuestras mentes podrían llegar a comprenderlo si nos lo explicaran.
Lo que sí sabemos es quién prendió la mecha del plano físico y, de entre un universo lleno de posibilidades, creó un mundo llamado Ramue.
En aquella nada carente de tiempo y espacio ya existían entidades a las que llamamos dioses. Entre ellas destacaban cuatro hermanos: Urdur, Ardar, Cilia y Brael.
Estos cuatro hermanos decidieron crear el plano físico por razones que aún desconocemos. Lo que sí sabemos son las tareas que cada uno llevó a cabo:
- Urdur creó el espacio y el tiempo. Lo llenó de soles, planetas, asteroides, nebulosas, vórtices y cientos de fenómenos curiosos.
- Ardar escogía planetas al azar y los poblaba con volcanes, montañas, grutas, ríos y mares… un sinfín de detalles solo apreciables por quien de verdad se detiene a observarlos.
- Cilia seleccionó algunos de los planetas tocados por Ardar y sembró la vida. Creó criaturas de múltiples formas y tamaños, y las dotó de la inteligencia necesaria para deleitarse con la obra de sus hermanos y temer sus fenómenos más violentos. Junto a Ardar, que observaba curioso el trabajo de su hermana, les otorgaron el don de construir estructuras y modificar el entorno que él había esculpido.
- Brael, fijándose en la obra de Cilia, escogió a ciertas criaturas y las dotó de alma. Al hacerlo, este sutil destello, invisible a simple vista, lo cambió todo. No era tan espectacular como el baile cósmico, pero sí infinitamente más impredecible. Esta chispa animó a todos los hermanos a conceder más dones a estos seres —habilidades dispares, únicas y complejas— solo por el placer de ver cómo reaccionarían.
Al contemplar su creación terminada, se deleitaron con el inmenso teatro que tenían ante sí, y desde entonces se dedican a observar cómo transcurre la obra.
Los Grandes Dioses
Los cuatro hermanos crearon una cantidad incontable de criaturas distintas y extrañas; algunas con evidentes parentescos y otras totalmente disonantes.
Entre todos estos seres, los más formidables son los Grandes Dioses, entidades con la potestad de alterar y destruir planetas enteros. Aunque su poder no representa ni una ínfima parte del de los creadores originales, operaban sin ningún freno: unos reclamaron mundos para sí, otros barrieron sistemas solares y algunos decidieron guiar a las especies inferiores.
Los cuatro hermanos jamás intervinieron en los planes de los dioses ni de ninguna otra criatura. Sin embargo, no hubo paz entre los Grandes Dioses; sus disputas, celos y recelos generaron eras de crueles guerras y tiempos de gran abundancia por igual.
Los Humanoides
Entre toda esta amalgama de bestias y portentos se encuentran los humanoides: seres de dos piernas, dos brazos y una cabeza que hoy pueblan la mayor parte del espacio en Ramue.
Según los teólogos, los humanoides son un diseño caprichoso que representa físicamente a los propios creadores: un miembro por cada uno de los cuatro hermanos y una cabeza que simboliza la idea conjunta que los llevó a colaborar. Por supuesto, no todos los eruditos comparten esta interpretación.
Poseen inmensos dones creativos: componen música, levantan civilizaciones, maquinan intrigas y marchan a la guerra. Pese a que su poder innato es prácticamente nulo frente al cosmos, se atreven a retar a dioses y monstruos que les superan con creces… y, sorprendentemente, en ocasiones logran salir victoriosos.
El Trimurti Agrícola
Dentro del Imperio, los Grandes Dioses más venerados conforman el Trimurti Agrícola, honrados por su dominio sobre la tierra y los ciclos vitales.
Tellura, La Madre Arcilla La deidad que gobierna la Tierra, el Suelo, los Límites y la Ley. Representa la estabilidad, la quietud y las normas inflexibles que sostienen la vida. Como el terreno firme bajo los pies, exige orden, trabajo constante y respeto por los confines marcados. Sin su ley, la semilla jamás echaría raíces.
Nubea, El Manto Variable La deidad de las Nubes, la Lluvia, el Viento y la Fortuna. Representa el azar y el capricho de la naturaleza. Su manto puede bendecir los campos con la lluvia necesaria para el riego, o dispersarse dejando tras de sí una cruel sequía. No busca el bien ni el mal; es el cambio puro e impredecible que escapa a todo control mortal.
Falceo, El Gran Segador El dios de la Siega, el Fin del Ciclo, la Ruptura y la Renovación. Encarna la necesidad imperiosa del cambio. Cortar el trigo maduro es un acto destructivo, pero imprescindible: purga la tierra dejándola yerma para que pueda volver a ser sembrada. Falceo rompe lo establecido para evitar que el mundo se pudra en el estancamiento.